¿La evolución desplazó el clítoris hacia el exterior? Lo que revelan los conejos sobre las mujere

En algún punto del tiempo profundo, mucho antes de que el primer primate trepara al dosel de un bosque, un pequeño órgano comenzó un desplazamiento muy lento. El clítoris, en muchos de los primeros mamíferos, parece haber estado situado en el interior del propio canal copulador. En las mujeres de hoy se sitúa en el exterior, a cierta distancia de la abertura vaginal.
Los investigadores que estudian anatomía comparada consideran hoy que ese cambio no fue una simple casualidad de la forma. Sigue el rastro de uno de los mayores cambios en la reproducción de los mamíferos: el momento en que los óvulos dejaron de esperar a una pareja y empezaron a regirse por su propio calendario. Para cualquiera que se haya preguntado alguna vez por qué el clítoris se ubica donde lo hace, la respuesta podría comenzar con una coneja.
La cuenta regresiva de diez horas de una coneja
Una coneja no funciona con un calendario mensual. Sus óvulos maduran y simplemente esperan. Solo tras el apareamiento llega la señal, y unas diez horas más tarde el ovario los libera.
Los biólogos llaman a esto ovulación inducida. El detonante es físico. Los nervios transmiten un mensaje desde el tracto reproductor hasta el cerebro, y el cerebro responde con una repentina oleada hormonal que indica al ovario que libere sus óvulos. Sin contacto, no hay oleada. Sin oleada, no hay óvulo.
Para que un sistema así funcione de manera fiable, el tejido sensible debe encontrarse exactamente donde el apareamiento lo alcance. En muchos animales de ovulación inducida, ahí es precisamente donde se ubica el clítoris: dentro del canal o justo en su entrada. La posición, en este caso, es función.
Las conejas no son las únicas. Gatas, hurones y camellas recurren a alguna variante de esta estrategia, y la comparación entre especies es donde la historia se vuelve interesante.
| Especie | Tipo de ovulación | Qué la desencadena |
|---|---|---|
| Conejo | Inducida | Apareamiento; óvulos liberados unas diez horas después |
| Gato doméstico | Principalmente inducida | Apareamiento, aunque algunas hembras ovulan sin él |
| Hurón | Inducida | Apareamiento |
| Llama y alpaca | Inducida | Apareamiento junto con una proteína presente en el líquido seminal del macho |
| Ratón común | Espontánea | Un ciclo interno que dura unos pocos días |
| Chimpancé | Espontánea | Un ciclo interno de aproximadamente cinco semanas |
| Ser humano | Espontánea | Un ciclo hormonal interno, comúnmente de unas cuatro semanas y variable de una mujer a otra |
La duración de los ciclos corresponde a rangos típicos, no a reglas fijas. Cada animal y cada mujer varían de manera individual.
El día en que el calendario tomó el control
Las mujeres, junto con otros primates y muchos roedores, pertenecen al segundo grupo. Son ovuladores espontáneos. Sus cuerpos liberan óvulos según un cronograma interno determinado por un ciclo hormonal regular, ocurra o no el apareamiento.
A lo largo de toda la vida, esto se va acumulando. Las estimaciones suelen situar el total entre unas 400 y 500 ovulaciones en una mujer, aunque la cifra real varía ampliamente según la duración del ciclo, los embarazos y los años dedicados a la lactancia. Cada una llega puntualmente, estimulada únicamente por la propia química corporal.
Los estudios comparativos sugieren que la ovulación inducida apareció primero. La ovulación espontánea es una innovación más reciente y parece haber surgido más de una vez en distintos linajes de mamíferos. Una de esas apariciones, especulan los investigadores, tuvo lugar en el ancestro común de primates y roedores, decenas de millones de años antes de que algo parecido a un ser humano caminara sobre la faz de la Tierra.
Cómo una parte del cuerpo cambia de dirección
La conexión entre estos dos hechos provino de Mihaela Pavličev y Günter Wagner, biólogos evolutivos que en ese momento trabajaban en el Hospital Infantil de Cincinnati y en la Universidad de Yale. En su artículo de 2016 en el Journal of Experimental Zoology, compararon la anatomía reproductora de numerosas especies de mamíferos y hallaron un patrón. En los casos donde la ovulación espontánea había evolucionado, la distancia entre el clítoris y el canal copulador tendía a aumentar.
Su interpretación es elegante. Una vez que los óvulos ya no necesitaron un detonante físico, dejó de haber algo que retuviera al clítoris en su lugar dentro del canal. A lo largo de incontables generaciones, su posición se desplazó hacia el exterior y se fue distanciando.
Una vez que los óvulos ya no necesitaron un detonante físico, nada retuvo al clítoris en su lugar dentro del canal.
Vale la pena detenerse en la procedencia del clítoris. En todo embrión de mamífero, el mismo pequeño esbozo de tejido, el tubérculo genital, da origen al clítoris en las hembras y a su homólogo en los machos. La evolución no estaba creando algo nuevo: estaba reubicando una estructura sumamente antigua.
¿Por qué hacia afuera, específicamente, en lugar de permanecer en su sitio? Esa parte de la historia está menos resuelta. Algunos biólogos ven una simple deriva evolutiva una vez que desapareció la presión anterior. Otros sospechan que fuerzas adicionales moldearon la posición final. El patrón comparativo es claro; la explicación exhaustiva aún continúa desarrollándose.
El eco que permaneció
La evolución rara vez borra las cosas por completo. Tiende a dejar huellas.
En las mujeres, el reflejo que alguna vez fue responsable de la ovulación parece seguir existiendo, acompañado todavía de una breve oleada hormonal que incluye prolactina y oxitocina. Pavličev y Wagner observaron que esta descarga se asemeja mucho a la ráfaga hormonal que desencadena la liberación de óvulos en los ovuladores inducidos. Su propuesta, a menudo denominada hipótesis del homólogo ovulatorio, plantea que el reflejo humano y el detonante de la coneja son el mismo rasgo ancestral, heredado de un ancestro común. En las conejas todavía libera un óvulo; en las mujeres, ha quedado libre de esa obligación.
Un experimento de seguimiento realizado en 2019 puso a prueba la idea en los propios animales. El equipo administró a conejas un fármaco conocido por mitigar este mismo reflejo en humanos y luego comparó cuántos óvulos liberaban tras el apareamiento. Las conejas tratadas ovularon notablemente menos, que es precisamente lo que predeciría la hipótesis si ambos reflejos comparten una misma raíz.
La noticia tuvo una amplia repercusión, incluyendo la del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de Yale, porque ofrecía una perspectiva inusual. En lugar de limitarse a preguntar qué función cumple este reflejo en las mujeres hoy en día, indagó de dónde provino en primer lugar.
Camellos, gatos y las bellas excepciones
La naturaleza se resiste a las divisiones tajantes, y la separación entre ovulación inducida y espontánea no es la excepción. Las gatas domésticas son ovuladoras inducidas clásicas; no obstante, algunos ejemplares liberan óvulos sin necesidad de apareamiento. En las llamas y alpacas, se descubrió que una proteína del líquido seminal del macho desempeña un papel determinante en el estímulo: un mensaje químico que actúa a la par del estímulo físico.
Los roedores añaden otro matiz. Los ratones y las ratas ovulan según su propio ciclo, pero el apareamiento aún desencadena cambios hormonales decisivos para las etapas posteriores. La frontera entre ambas estrategias se parece menos a un muro que a un gradiente continuo.
¿Sabías que...?
La ovulación espontánea no surgió una sola vez. Los estudios comparativos sugieren que evolucionó reiteradamente en ramas independientes del árbol genealógico de los mamíferos, y linaje tras linaje, el clítoris tiende a situarse más lejos del canal.
Esa repetición es parte de lo que hace que el patrón resulte convincente. Una coincidencia es fácil de desestimar; un mismo desplazamiento manifestándose una y otra vez resulta mucho más difícil de ignorar.
Lo que la ciencia aún no puede afirmar
Los tejidos blandos casi nunca se fosilizan. Nadie puede desenterrar a una hembra mamífera ancestral y medir la posición de su clítoris. Por el contrario, las pruebas provienen de comparar especies vivas y reconstruir el árbol genealógico en retrospectiva: un método riguroso, pero indirecto.
No todos los investigadores aceptan plenamente la idea del homólogo ovulatorio. Algunos argumentan que el reflejo en las mujeres ha asumido funciones propias tan importantes como sus orígenes. Otros cuestionan hasta qué punto puede extrapolarse una correlación entre diversas especies. La hipótesis goza de gran prestigio, está sólidamente argumentada y sigue abierta al debate.
La anatomía humana aporta su propia diversidad. Los estudios anatómicos demuestran que la distancia entre el glande del clítoris y la abertura vaginal varía de forma considerable de una mujer a otra. No existe una medida estándar que compartan todos los cuerpos, y la evolución jamás requirió una.
La coneja en su prado todavía espera a una pareja antes de que sus óvulos se muevan. La mujer que lee este artículo alberga el mismo tejido antiguo, originado a partir del mismo esbozo embrionario, ahora ubicado en una nueva dirección y respondiendo a su propio calendario. Para conocer en detalle ese calendario, desde el primer ascenso del estrógeno hasta la liberación del óvulo, nuestra guía sobre el ciclo hormonal semana a semana continúa justo donde se despiden las conejas.
Preguntas frecuentes de los lectores
¿Por qué el clítoris está fuera de la vagina en las mujeres?
Las investigaciones de anatomía comparada sugieren que refleja la historia evolutiva. En muchos mamíferos que ovulan solo después del apareamiento, el clítoris se ubica dentro o en la entrada del canal. En especies que ovulan siguiendo un ciclo interno, incluidos los seres humanos, tiende a situarse más lejos. Los investigadores proponen que la posición cambió una vez que la ovulación dejó de depender de un detonante físico.
¿Cuál es la diferencia entre la ovulación inducida y la espontánea?
Los ovuladores inducidos, como los conejos y los hurones, liberan óvulos solo después de que el apareamiento desencadena una oleada hormonal. Los ovuladores espontáneos, como los humanos, los chimpancés y los ratones, liberan óvulos según un ciclo interno regular, ocurra o no el apareamiento.
¿Está demostrada esta teoría?
Se trata de una hipótesis muy valorada más que de un hecho zanjado. Las evidencias provienen de la comparación anatómica y de los patrones hormonales entre especies vivas, además de un experimento realizado en 2019 con conejos. Dado que los tejidos blandos casi nunca se fosilizan, la anatomía ancestral debe reconstruirse indirectamente, y algunos investigadores aún debaten ciertos aspectos de esta propuesta.
¿Ocurrió este cambio en los humanos o mucho antes?
Mucho antes. Los investigadores sostienen que la ovulación espontánea surgió en el ancestro común de primates y roedores, decenas de millones de años antes de que apareciera el linaje humano. Las mujeres heredaron una configuración anatómica que ya era ancestral.
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